Me acerco con paso lento caminando hacia el enemigo.
En mi mano aferro con fuerza la bandera blanca, signo de derrota.
Me cansé de luchar.
Las heridas que cubren mi cuerpo son profundas, y no dejan de sangrar.
Mi semblante es serio y abatido.
Aquí pongo punto y final a una batalla en la que he luchao con uñas y dientes, dando siempre lo mejor de mi...
Me alejo. Todo se ha acabado. Pero no puedo evitar mirar atrás, y unas lágrimas frias me recorren el rostro, porque a pesar de todo amo a aquello de lo que me alejo...

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